AHÍ ESTÁN!
Aquí las tienes, los retratos en piedra de las segundonas de la sociedad medieval. Sus erosionadas imágenes aún nos siguen hablando de su físico, su edad, su estado civil, su ocupación e, incluso en casos, sus sentimientos... Pasen y vean y si quieren saber más, no dejen de consultar la página romanicoenfemenino.
Las edades de la vida
Como muestra vale un botón: una mujer joven muestra su rostro en Sequera del Fresno; una mujer madura nos saluda desde San Miguel de Fuentidueña o una vieja se exhibe bailando desde uno de los canecillos de Santa Marta del Cerro.



Los estados de la mujer
Los canecillos de Barahona del Fresno, por ejemplo, nos informan de los tres posibles estados de la mujer medieval: la soltera, con el cabello suelto, la casada (o la viuda), con su tocado, o la religiosa, con su toca.



La clase social de pertenencia

Campesina, Fuentidueña

Noble, Grado del Pico
La función social
El plan inmutable de la mujer medieval, para el que era educada desde la cuna, era triple: satisfacer las pulsiones del varón, traer al mundo cuantas más criaturas mejor y, por supuesto, la crianza y el cuidado de hijos, mayores y casa.

Fuentidueña

Santa Marta del Cerro

Fuentidueña
Los estados de ánimo...
¿Estará pensando? ¿Tendrá alguna preocupación? La viejita de Fuentidueña parece enfrentarse a la vida con cierto sentimiento difícil de precisar. A su lado, una dama parece despedirse de su caballero en San Vicente, de Pelayos del Arroyo.


El trabajo femenino
Las escasas posibilidades laborales solían reducir a la mujer al ámbito doméstico, donde su una de sus ocupaciones "ociosas", por llamarlo de alguna manera era el hilado o el tejido, como puede observarse en este canecillo de Fuentidueña o, quizás, el amasar el pan diario, como parece hacer esta matrona de un can de Tenzuela.

